En memoria de

Primo Levi

Un químico que sobrevivió a Auschwitz y pasó cuarenta años explicándolo con precisión

Levi se licenció en química en 1941 con una nota en el diploma que consignaba que era de raza judía, se unió a una partida partisana en los Alpes, fue capturado a las pocas semanas y deportado a Auschwitz en febrero de 1944 con otros seiscientos cincuenta, de los que volvieron unos veinte. Sobrevivió, decía siempre, por suerte y por la química: un puesto de laboratorio en la fábrica de caucho sintético lo puso a resguardo del invierno, y una escarlatina lo dejó en la enfermería cuando el campo fue evacuado a pie.

Si esto es un hombre, escrito al año de su regreso, es deliberadamente sin pathos —el tono de un informe de laboratorio— y fue rechazado por las grandes editoriales antes de aparecer en una tirada de dos mil quinientos ejemplares. Trabajó treinta años como químico industrial y escribió por las noches. El sistema periódico toma veintiún elementos como capítulos de una vida. Los hundidos y los salvados, su último libro, trata de la zona gris y de cómo la memoria se ablanda, y sostiene que lo que importa es la gente corriente que llevaba los campos, no los monstruos. Murió a los sesenta y siete al caer por el hueco de la escalera de su edificio en Turín, donde había vivido casi toda su vida.

Esta página la redactó el sitio a partir de fuentes históricas públicas.

← Todas las páginas