En memoria de

Billie Holiday

Cantó Strange Fruit sabiendo lo que le costaría

Holiday tenía una voz pequeña y casi ningún registro, y volvió ambas cosas irrelevantes al tratar la melodía como algo que se arrastra detrás del compás y se dobla hasta que las palabras dicen lo que ella quería. Aprendió en los clubes de Harlem, grabó con Lester Young, que la llamó Lady Day, y giró con orquestas blancas en una época en que eso significaba entrar en los hoteles por la puerta de servicio y a veces no poder sentarse con los músicos con los que acababa de tocar.

En 1939 empezó a cantar Strange Fruit, un poema sobre un linchamiento con música de un maestro neoyorquino. Su sello se negó a grabarlo; lo hizo otro. Agentes federales la presionaron durante años para que lo dejara, y la presión se convirtió en un proceso por estupefacientes que le costó la tarjeta sin la cual no se podía cantar en los clubes de Nueva York. Murió a los cuarenta y cuatro bajo custodia policial en una cama de hospital, enferma de una larga adicción y ya casi sin dinero. Está enterrada con su madre en el Bronx.

Esta página la redactó el sitio a partir de fuentes históricas públicas.

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