En memoria de

Emma Lazarus

Escribió las palabras de la Estatua de la Libertad; se añadieron tras su muerte

Lazarus venía de una vieja familia sefardí neoyorquina, rica y plenamente asimilada; publicó sus primeros poemas a los diecisiete y se carteó con Emerson. Lo que la cambió fue 1881: los pogromos del Imperio ruso arrojaron a Ward's Island a miles de refugiados judíos sin nada, y ella fue a su encuentro, enseñó inglés allí y empezó a escribir sobre un pueblo al que la habían educado para mirar desde una distancia cómoda. Aprendió hebreo, tradujo a los poetas judíos medievales y defendió por escrito un hogar judío quince años antes que Herzl.

En 1883 le pidieron algo para ayudar a costear el pedestal de una estatua francesa que llegaba al puerto. Se negó al principio y luego entregó El nuevo coloso, que convierte un monumento a la amistad republicana en otra cosa: no un guerrero sino una madre de los desterrados, que sostiene una lámpara junto a una puerta dorada y reclama a los cansados y a los pobres. Murió de cáncer a los treinta y ocho. El soneto quedó casi olvidado; una amiga hizo campaña durante años, y en 1903 se fundió en una placa de bronce fijada dentro del pedestal.

Esta página la redactó el sitio a partir de fuentes históricas públicas.

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