En memoria de

Blaise Pascal

Inventó la máquina de calcular y la apuesta; murió a los treinta y nueve

Pascal fue un prodigio que de niño rehízo por su cuenta buena parte de la geometría elemental y que a los diecinueve construyó una máquina de calcular para ahorrarle a su padre las cuentas del fisco. Con Fermat sentó las bases del cálculo de probabilidades al responder a la pregunta de un jugador sobre cómo repartir las apuestas de una partida interrumpida. Demostró que el aire pesa haciendo subir un barómetro a una montaña de Auvernia y viendo bajar el mercurio, y en el último año de su vida organizó en París el primer transporte público regular: carrozas de cinco sueldos por itinerarios fijos.

Tras una noche de 1654 que anotó en un pergamino cosido en su casaca y hallado solo a su muerte, se volvió a la religión y a los jansenistas de Port-Royal. Las Provinciales destrozaron la casuística de los jesuitas en un francés tan nítido que cambió la manera de escribir prosa. Los Pensamientos, notas inacabadas para una defensa del cristianismo, contienen la apuesta y la observación de que toda la desdicha de los hombres viene de no saber quedarse quietos en una habitación. Enfermo casi toda la vida, murió a los treinta y nueve; reposa en Saint-Étienne-du-Mont, tras el coro.

Esta página la redactó el sitio a partir de fuentes históricas públicas.

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