En memoria de

José Guadalupe Posada

Grabador que dio a México sus calaveras

Posada hizo unos veinte mil grabados para hojas volantes de a centavo —crímenes, desastres, sátiras— vendidas en las esquinas a gente que a menudo no sabía leer. Sus calaveras se ocupaban de los asuntos de los vivos, bebían, cabalgaban y presumían, y su elegante cráneo con sombrero de plumas se convirtió en La Catrina.

Murió pobre y fue enterrado en una fosa común de sexta clase. Nadie reclamó sus restos en los siete años que permitía el reglamento, y fueron retirados y perdidos. Rivera y Orozco lo llamaron después el padre del arte mexicano moderno.

Esta página la redactó el sitio a partir de fuentes históricas públicas.

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